La asertividad como expresión de una sana autoestima
Ser asertivo no significa decir lo que se piensa sin filtros o ganar discusiones. Olga Castanyer Mayer-Spiess en su libro "La asertividad: expresión de una sana autoestima" la describe como una forma de estar en el mundo, de vincularse con uno mismo y con las otras personas que visibiliza el valor que uno se otorga a sí mismo. Ser asertivo significa reconocerse digno, valioso, suficiente, legitimo, y obrar coherentemente con esa visión de uno mismo.
Muchos de mis pacientes consultan por ansiedad, tristeza, enojo, culpa o problemas vinculares, sin saber que detrás hay una dificultad para habitar sus vínculos de manera asertiva. Trabajar sobre este tema suele traerles profundos beneficios, y los aportes de Olga Castanyer resultan extremadamente útiles para este propósito.
La autora ubica a la asertividad en un punto medio entre dos extremos igualmente disfuncionales: la pasividad y la agresividad. Cuando nos comportamos de forma pasiva tendemos a someternos al deseo del otro, a sus valores y creencias, nos inhibimos, callamos lo que pensamos y sentimos ya sea por temor al rechazo, al conflicto o a lastimar al otro. Esta conducta sumisa suele tener un alto costo para uno mismo. Cuando nos comportamos de forma agresiva sometemos al otro a nuestro deseo vulnerando así sus derechos. La conducta agresiva suele enmascarar una autoestima frágil. La asertividad implica, entonces, actuar de manera acorde a los propios valores, defender los propios derechos, pero sin pasar por encima de los derechos de los demás.
Claro está que no hablamos de derechos jurídicos, sino de derechos personales. Reconocernos estos derechos a nosotros mismos, y respetar estos derechos en las otras personas, nos facilita la conducta asertiva. Esta es la lista más exhaustiva de derechos asertivos que pude armar:
- A ser tratados con respeto y dignidad.
- A equivocarnos y ser responsables de nuestros errores.
- A tener nuestras propias opiniones y valores.
- A tener nuestras propias necesidades, y que sean tan importantes como las de los demás.
- A experimentar y expresar los propios sentimientos, así como a ser sus únicos jueces.
- A cambiar de opinión, idea o línea de acción.
- A protestar cuando se nos trata injustamente.
- A intentar cambiar lo que no nos satisface.
- A detenernos y pensar antes de actuar.
- A pedir lo que queremos.
- A hacer menos de lo que humanamente somos capaces de hacer.
- A ser independientes.
- A decidir qué hacer con nuestro propio cuerpo, tiempo y propiedad.
- A sentir y expresar el dolor.
- A ignorar los consejos.
- A rechazar o aceptar peticiones (decir que no o que sí) sin sentirnos culpables o egoístas.
- A estar solos aun cuando deseen nuestra compañía.
- A no justificarse ante los demás.
- A no responsabilizarse de los problemas de otros.
- A no anticiparse a las necesidades y deseos de los demás.
- A no estar pendiente de la buena voluntad de los demás.
- A elegir entre responder o no hacerlo.
- A hablar sobre el problema con la persona involucrada y aclararlo, en casos límite en que los derechos de cada uno no están del todo claros.
- A hacer cualquier cosa mientras no violes los derechos de otra persona.
- A escoger no comportarte de forma asertiva o socialmente hábil.
Estos derechos no son permisos otorgados por las otras personas, sino condiciones que uno establece para proteger la propia dignidad. "Si querés vincularte conmigo, estas son mis condiciones". Pero ¿y el amor incondicional?.. dejémoselo a Hollywood por ahora.
La dificultad para defender y respetar estos derechos suele tener origen en historias tempranas de desvalorización, exigencias excesivas, mensajes contradictorios, o modelos vinculares en lo que los conflictos se resolvían por medio de la agresión o la sumisión.
Todo muy lindo Agustin, pero entonces ¿Cómo hago para defender mejor mis derechos? ¿Tengo que llamar a un abogado? Claro que no. La asertividad es una habilidad social, por lo tanto, depende de cómo interactuamos con las otras personas, o, en otras palabras, de cómo nos comunicamos.
Comunicarse asertivamente no garantiza que el otro vaya a estar de acuerdo con uno, pero si nos permite sostener nuestra posición sin perder el respeto mutuo. La comunicación asertiva se caracteriza por:
- Claridad y coherencia entre lo que se piensa, se siente, y se hace (o dice).
- Un tono firme y a la vez respetuoso.
- Lenguaje directo, sin rodeos, ironías o ataques personales.
- Registro del propio cuerpo y del impacto del mensaje en el otro.
Se trata de no etiquetar al otro, de no agredirlo porque lo que hace te molesta. Sino de explicarle cómo te hace sentir eso que esta haciendo, cómo vulnera tus derechos o va en contra de tus valores o deseo.
El hecho de que la asertividad sea una habilidad social implica que no es un rasgo fijo de la personalidad, sino que se puede aprender, entrenar y mejorar. Como todo proceso de aprendizaje, implica cometer errores como oscilar entre callar y explotar. No te castigues, los únicos que no se equivocan son los que no hacen. Que notes el error significa que estas aprendiendo.
En muchos casos toca revisar creencias muy profundas como "si digo lo que pienso me van a rechazar", "poner límites es ser egoísta" o "para que me respeten tengo que imponerme". Cambiar estas creencias por otras más realistas y funcionales es un proceso arduo. El primer paso para cambiar cómo creemos es cambiar cómo actuamos. Es un "fake it until you make it" (fingir hasta lograrlo). Si logramos sostener el cambio conductual, viviremos experiencias correctivas en nuestros vínculos que nos permitirán el cambio cognitivo y de la mano de estos dos lograremos el cambio emocional.
Muchas veces esperamos sentirnos bien para después poder pensar y hacer distinto. La evidencia nos muestra que el camino es a la inversa, debemos empezar siempre por la conducta.
Finalmente, Olga Castanyer propone pensar la asertividad como un indicador de salud emocional. Comportarse asertivamente no elimina el conflicto, pero permite transitarlo sin inhibirse ni dañar. Se puede sentir miedo, enojo o duda, pero sin renunciar a uno mismo para evitar el malestar, ni avasallar a otros para sentirnos válidos.
